miércoles, 20 de febrero de 2013

Fariseos inunda Hermosillo en las vísperas de Semana Santa


Ya se escucha por las calles de la ciudad de Hermosillo, el inigualable sonido de los tenábaris de los chapayecas, que recorren las avenidas de la Capital de Sonora, mientras la gente corre a su ventana o sale de sus casas para verlos, y algunos despistados, miedosos se esconden o cierran sus puertas.

En cuaresma y semana santa la cofradía de los chapayecas ó fariseos, toma el control de la vida religiosa al interior de los barrios yaquis de Hermosillo. Toda ceremonia de corte religioso es sancionada por ellos: velaciones, cabos de año (velación que se hace a las personas al término de un año de haber fallecido), y cada uno de los rituales de cuaresma y semana mayor son dirigidos y ejecutados por la tropa de los fariseos pertenecientes al kohtumbre ya´ura.

Emanado de la creencia católica, el ceremonial de cuaresma y semana santa vivido por los fariseos yaquis es un espacio para la purificación individual y colectiva. La tradición heredada de los ocho pueblos tradicionales del río Yaqui, se ha mantenido sólida al paso del tiempo, y florece, como cada año, en diferentes puntos de la capital, adaptándose a la condición urbana, y superando las dificultades propias de la urbe.

Las ramadas no sólo son las construcciones físicas en donde se desarrollan las celebraciones de semana santa; es también la Iglesia y el espíritu de los yaquis, es toda la organización que existe dentro de ella. En esta ciudad del sol, existen 5 ramadas: Coloso Alto, Coloso Bajo, Sarmiento, Matanza, y Revolución. Cada una está asentada en los barrios del mismo nombre. 

Hay personas que sirven a la tradición desde muy pequeños. Entraron siendo "cabitos", después soldados, y ahora, algunos de ellos ya son jefes. Muchos hombres después de pagar su manda deciden seguir prestando servicio a la ramada por la devoción personal a la fiesta: son ahora los mayores que ayudan a dirigir la fiesta.

Una persona se ofrece a la "tradición" por medio de una "manda" ya sea de manera individual o por iniciativa de los familiares, en caso de ser menor de edad. Desde el miércoles de ceniza y hasta el domingo de resurrección, los fariseos habrán de sobrevivir al sacrificio físico y espiritual, al ayuno impuesto por el tipo de vida de la tropa, y a la abstinencia de todas aquellas comodidades materiales de la vida diaria. 

Mientras unos deciden abarrotar las playas, otros se acercan a las Iglesias, otros mas ofrecen su trabajo, esfuerzo y sacrificio por una "tradición religiosa" dejando atrás su vida personal. Al igual que en otros puntos de la geografía sonorense, las celebraciones indígenas de cuaresma y semana santa son parte de nuestro acervo cultural y religioso, de nuestra memoria viva como sociedad, única e irrepetible en todo el mundo. 

Acerquémonos para conocernos un poco más entre nosotros mismos, y valorar toda la riqueza cultural de la cual somos poseedores. 

Fuente: ehui.com

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